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Es mi pastor…



La imagen de un amado pastor con su rebaño, es una muestra apropiada para comprender el amor de Dios hacia nosotros. En esta oportunidad quisiera compartir la importancia de tener a Dios como: “Pastor”, por medio del Salmos 23 (RVR 1960).
La Palabra del Señor dice:

“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.” Salmos 23:1-3
El pastor suple las necesidades de sus ovejas, elige los pastos más delicados para que no se enreden en arbustos o se lastimen; además,  las ovejas se cansan y se pierden con facilidad,  por eso el pastor las guía.

“Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.” Salmos 23:4
La disciplina que da, ayuda a las ovejas a tomar el camino indicado y forja una nueva esperanza en ellas. Aunque enfrentemos terribles problemas, no tendremos miedo, porque estaremos a lado del Pastor.

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.” Salmos 23:5
Él será nuestra provisión y protección contra nuestros enemigos. El pastor nos consagrará, nos ayudará a vivir una vida de santidad, para recibir su bendición con abundancia.

“Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.” Salmos 23:6
Generalmente pedimos en oración la bendición y misericordia del Señor para nuestra vida, lo interesante es que aquel que tenga a Dios como su pastor, no necesitará pedir estas cosas porque ellas lo van a seguir y, además, recibirá su promesa de vivir con Él por la eternidad.
En esta ocasión me gustaría hacerte una pregunta: ¿El Señor es tu pastor? Recuerda que el pastor proporciona descanso, refrigerio, renovación, dirección, liberación del temor, consuelo, seguridad y victoria sobre el enemigo, por tanto, es posible que te estés perdiendo de muchas bendiciones.
Si te has apartado de su redil, te animo a volver al camino correcto y permitirle que Él sea quién gobierne tu vida.
¡Entrégale tu corazón y reconoce al Señor como tu dueño!